Tres grandiosos días para cagarse en todo lo que uno considere sagrado, estos últimos tres días fueron, literalmente y en el mal sentido; del carajo.
No me voy a quejar de mi mala suerte ni de que estoy salado ¿Para qué? La verdad ya es costumbre para mí que las cosas salgan mal prácticamente desde el principio, cosa que a decir verdad ha ido dejándome de molestar con el tiempo ya que tanto ir contra la corriente terminó haciéndome más fuerte que ella, tanto es así que con el tiempo las cosas dejaron de importarme y el hecho de que todo pudiese salir mal dejó de interesarme, descubriendo de cierta forma mi propia clave para romperle a coñazos las tripas al inexistente destino y a todos sus acreedores (¿Alguien dijo Murphy?).
Con el tiempo y las situaciones que el mismo me crea ya he aprendido...